¿Ustedes sueñan conmigo? ¿Me buscan aunque sea en sus sueños? Hoy soñé con ustedes y les pude dar un beso en las mejillas. Pero amanecí herido porque al despertar no escucho sus voces ni sus risas. Ustedes no saben cuánto duelen las distancias del corazón, las barreras del silencio, el repudio de los hijos. Yo quiero pensar que les ha sido suficiente para vengarse, pero pasan los días y los silencios se extienden al siguiente y al siguiente y así, a cuentagotas, se ha consumido más de un año. ¿Servirá decirles que no hay día que no duela su ausencia? ¿Qué mi corazón vive con una sombra de tristeza permanente? Las recuerdo siempre, las extraño siempre. Ojalá llegue el día en que podamos compartir de nuevo, en que podamos decir que nos queremos, sin herir a nadie. Yo las amo como desde el día en que supe que llegarían al mundo, como desde el primer día entre mis brazos. Mis niñitas lindas, mis adoradas hijas.
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